El tema de los vertidos en nuestros cauces naturales es vox populi, pero la indignación crece cuanta más información recibes al respecto:
Imaginaos un lugar cualquiera de nuestra geografía. Llega una industria importante, se le recibe con los brazos abiertos puesto que creará riqueza y puestos de trabajo, pero no se les exige nada. Entre estas exigencias debería existir un requisito indispensable: depurar las aguas residuales industriales que se generen. Pero, ¡oh, atrevimiento! ¿Cómo exigirle al dueño que gaste un dineral en sistemas de tratamiento de sus aguas residuales? ¡Se nos escapará a otro lugar! Imposible.
Bien, ya está la industria instalada en nuestra amada población. El dueño tiene el privilegio de verter todas sus aguas en el cauce público. ¿Qué más da, si tenemos una preciosa EDAR (Estación Depuradora de Aguas Residuales) que se encargará de ellas? Todo ha salido a pedir de boca.
Parece un plan perfecto, ¿verdad? Pues no lo es. La EDAR situada en nuestra localidad ha sido diseñada para un determinado número de habitantes, con un cierto caudal diario de agua bruta. En cuanto le metas aguas residuales industriales, te has cargado el invento. ¿Sabéis cuántas plantas depuradoras funcionan mal en nuestro país? Son muy numerosas, por desgracia. El tratamiento estrella de una depuradora de aguas residuales son los procesos biológicos. El agua residual industrial puede conllevar una serie de sustancias tóxicas para los bichitos que se encargan de degradar la materia orgánica, los nitratos y los fosfatos. Si sobreviven, puede que se sature de materia orgánica el reactor, con lo que no habrá alimentos suficientes para todos los microorganismos y tendrán que pasar a la fase de respiración endógena (canibalismo), perdiendo la eficacia del proceso. Y ya no hablemos si el tratamiento biológico es aerobio (necesidad de oxígeno), habrá que airear suficientemente el sistema y no interesa gastarse el dinero en una buena aireación (es un proceso caro). Además, hay que tratar la enorme cantidad de lodos generados. Consecuencia: la planta funciona mal.
Todos hemos visto las consecuencias de esto: nuestros ríos parece que no llevan agua, sino mierda marrón. Y es cierto. ¿Sabíais que un río posee un sistema de auto-depuración natural? Tiene procesos de filtrado (piedras), de tratamiento biológico (microorganismos acuáticos), de aireación (el flujo turbulento hace que se enriquezca el sistema en oxígeno), etc. Con nuestra actuación irresponsable, nos hemos cargado todo este sistema, da asco meter un pie en un río cualquiera. Sin embargo, en otros países más avanzados se preocupan de depurar bien sus aguas. ¿Queréis ver cómo es el río Reuss a su paso por Lucerna (Suiza)?

Os juro que no es el mar, sino un río suizo. Menuda diferencia, ¿verdad?
Bueno, por hoy es suficiente. Os contaré en otra entrega la distinta contaminación a la que sometemos nuestra agua, un bien cada vez más escaso. Un saludo.
Cómo mola, jejeje... Pincha en el enlace para verlo:
Que la fuerza os acompañe!!!
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